Gente como uno

/ lunes, 3 de septiembre de 2012 /


En uno de sus últimos posts, Pablo Turnes refiere que "Las tapas de GENTE son como esquirlas hechas para ser olvidadas al mismo tiempo que se incrustan en el sentido común – veneno de las sociedades -, y ahí van depositando su toxicidad a cuerpos siempre receptivos y disciplinados."

Cabría añadir, ante ese contexto, que si creería en la máxima McLuhaniana que dicta que el medio es el mensaje (y ya todos sabemos que acá lo que prevalece es el fuego, querido lector lleno de ojos), la revista configura entonces la liturgia decorosa de la aceptación y la domesticación moral, la cual siempre es ambivalente: por un lado, no hay domesticador si no hay domesticado. Por el otro, quizá esta tapa sea un ejemplo que pre-configure una reflexión hacia el eterno paradigma: la clásica de para qué hacemos lo que hacemos y para qué luchamos... si es que verdaderamente luchamos por algo.

Es que la aceptación del otro configura, en ciertos casos, un arma de doble filo. Muchas personas quieren ser aceptadas y conjurar una serie de posibilidades hacia un acceso a algo que siempre fue negado. Ese algo, a veces, es ilusorio, impuesto o pre-establecido por un otro y funciona como un claro dispositivo de poder.

En un momento determinado del documental Punk attitude, alguien expone la crítica de que el punk se tergiversó a niveles demenciales, teniendo en cuenta que al principio esta estética (o mejor dicho, esta actitud filosófica) enunciaba a grandes rasgos una marginalidad adrede y una inherente oposición a un sistema conformado por instituciones que delimitan, encauzan y juzgan. Palabras más, palabras menos, hay algo que establece parámetros y yo me opongo a eso. La crítica, entonces, estaba determinada hacia un sector de los representantes de la actitud punk, más propensos a luchar y posicionarse para querer estar dentro del sistema y así insertarse en el entramado de las relaciones interpersonales, que para contraponerse a un sistema. Vamos, era más o menos lo que le criticábamos a los floggers, tan desesperados ellos de querer formar un "movimiento" sacándose fotos en los shoppings.

A simple vista, uno podría deducir en esta foto que el rostro de Flor de la V, travesti oficialmente aceptado como ser femenino con documento en mano, casada, con hijos y con una vida de progreso delimitada por el espectáculo, enuncia una máxima: esto es lo que siempre se me negó y lo que siempre quise tener

Nota al pie: se trata de una cuestión de derechos, por supuesto. Se hace lo que se quiere y, aún con contradicciones y amigüedades, se estipula de antemano que para esta clase de cosas están las reivindicaciones. Vivir y dejar vivir. De vuelta, como decíamos en otro post, cada cual hace de su culo un pito. Y dentro de una supuesta república democrática, está perfecto que así sea. Esta clase de hechos, claro está, no hace otra cosa que reafirmar el simulacro del mantenimiento del status-quo y de la evolución como seres humanos. Y está genial que si alguien quiere bautizar a sus hijos o si quiere circuncidarlos lo pueda hacer. ¿Por qué no?

Pero claro, convengamos, es ingenuo pensar que la iglesia y el medio en el que esta foto es publicada aceptan a Flor de la V de buena fe. Y éste es el "otro" filo del arma. Aquel que acepta al Otro no lo hace, casi siempre, por cuestiones empáticas o desprendidas. Una revista de esta clase, como toda revista, procura vender sus ejemplares de acuerdo a una serie de normas que configuran el contenido del interior de sus páginas. Dichas normas son comunes a quienes potencialmente pueden interesarse en comprar la publicación. Por otro lado, la Iglesia está atravesando por un mea-culpa cretino en donde no hace otra cosa más que evidenciar que el camión, hace rato, está perdiendo aceite. Alcanza nomás con echar un vistazo a sus proclamas acerca del uso del preservativo o de la aceptación de la existencia de la Ley de gravedad (!). Si uno es lo suficientemente prevenido (o cínicamente paranoide), puede advertir que la esfera clerical está tratando de lavar culpas y procura sutilmente equilibrar la balanza ante tanto pederasta y torturador dando vueltas por sus pasillos supuestamente sagrados.

¿Hace falta recordar que ésas son las mismas instituciones que siempre se han destacado por marcar una línea de tiza, que viola en nombre de un zombi repartidor de pescados o que oculta, tergiversa y niega la verdad? Son tiempos en donde esta clase de organismos (modelos en escala de un sistema mayor, con cierto tufillo a gubernamental) cooptan rasgos culturales para reconvertirlos semánticamente, fisurando y a la vez construyendo un nuevo panorama. Y la figura de la revista, especialista en ser la idiota útil de dicha reconversión a lo largo de su historia, da la estocada de lo que debe ser aceptado y lo que no. En este caso, ateniéndose a los más rancios elementos de la moral cristiana y las buenas costumbres. Debe ser aceptado un travesti que bautiza a sus hijos, nunca un travesti con sus tetas machucadas de silicona industrial haciéndole el culo a un pibe a escondidas en una 4x4. Debe ser aceptada la figura de empresarios del espectáculo, no aquellos que tratan de sobrevivir en cualquier calle. Lo que vende es la mina que se reencauza, no la que muere de SIDA. Nosotros, Iglesia y Medios, la aceptamos porque firma el pacto de bailar nuestra canción. Y todos contentos.

Las instituciones se valen de los arquetipos para establecer un consenso. Así como la imagen de Jennifer Lopez, Mark Anthony o Shakira representan la aceptación de lo latino dentro del entramado sociocultural estadounidense (siempre perverso) en tanto que especifican y dan cuenta de una ordalía de arquetipos, todo parece indicar que el travesti que busca aceptación debe lograr anotar ciertos puntos en la larga lista de requisitos dentro de la Sociedad Rural de la Corrección Política Total. 

Y ésa es la crítica fundamental que los homosexuales, travestis y trans le hacen a Florencia de la V: que se haya cortado sola, que niegue totalmente su condición de minoría y que sea la personificación del descompromiso y el interés personalista. Ella entonces es la salvada por el sistema, la que siempre quiso pertenecer, la que nunca fue a ninguna marcha ni le da trabajo a travestis en sus obras teatrales. Lo que se desprende de ese repudio es ni más ni menos que lo obvio: es un error pensar que vamos a ser aceptados por el otro si sumisamente adoptamos los rasgos que impone ese otro. Es como si un fanático del doom-metal quisiera salir con una mina y que la mina le corte el pelo, le cambie la ropa y lo convierta en un oficinista.

Pero pese a todo esto, siempre queda una doble paranoia: ¿Y si Flor de la V es la representación de la ironía? ¿No será extremadamente inteligente y está haciendo lo que hacía Herbert Marcuse, por ejemplo, cuando escribió El Hombre Unidimensional becado por el Rockefeller Center? ¿No les estará tomando el pelo a los chupacirios y a los lambiscones como si se tratara de una infiltrada a punto de cometer un acto terrorista? ¿No será, con esa cara de impostada felicidad, una representación más de un espectáculo dadaísta? O es eso, o es lisa (y sacra) estupidez.


4 comentarios:

{ elgorrión } on: 3 de septiembre de 2012, 11:42 dijo...

Que cites noticias falsas, como como que "aceptaron la ley de la gravedad", demuestran lo cerrada que era tu opinión al respecto aún antes de ponerte a escribir este artículo. Eso defendias? La estrechez mental? O era al revés?

{ Unknown } on: 3 de septiembre de 2012, 11:56 dijo...

Vamos compañero Gorrión, cómo cabe la posibilidad de que se pueda defender la estrechez mental. Y no sé si mi opinión es cerrada. Subjetiva y totalmente conspiroparanoide, por supuesto. Ante la Iglesia y ante esta clase de medios que defienden lo indefendible, es lo menos que se puede hacer. ¿Pero cerrada? Permítame poner eso en duda.

Le mando un saludo y muchas gracias por leer.

{ Blopa } on: 16 de septiembre de 2012, 22:53 dijo...

¡Sos un predicador punk! ¡Ni Dios ni rey tengo!

{ Unknown } on: 16 de septiembre de 2012, 22:57 dijo...

jaaaaaajajajajaja... bienvenido Pablo a mi cuchitril de escritos calamitosos... tenga piedad!

 
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