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Los 10 mejores discos del 2012!

/ viernes, 14 de diciembre de 2012 /
Diciembre está pasando como un pedo de lechón, así que bien podríamos bajar la persiana de la musicalidad entrópica y destacar, sin orden ni concierto, lo que nos pareció que ha rockeado lo suficiente durante este año como para que valga la pena hacer un post de éstos tan chotos, unipersonales y rotundamente subjtivos, como corresponde.



Moonface with Siinai - Heartbreaking Bravery


  • Resumen: Bowie, la tenés adentro.

Ya hemos hablado anteriormente acerca de lo que significa la presencia de Spencer Krug en nuestras vidas. Sabemos que es un chico inquieto, que cuando tiene 5 minutos para echarse un cago agarra el piano, se lo lleva al baño y entre churro y churro se clava un tema de puta madre.

Técnicamente, Moonface era su proyecto solista. Hizo dos discos enteramente hechos por él, en su casa y con total tranquilidad pajuerana. Dos grandes discos, por cierto. Minimalistas pero al mismo tiempo épicos, con cierta contundencia lírico-surrealista y con una cuestión formal enteramente ligada a la autogestión. Pero bué, se ve que el pibe ya no se pudo contener y eventualmente llamó a toda una banda nueva para su nuevo proyecto, del cual insistió en seguir llamándolo Moonface, quizá por una cuestión de delimitar con una línea de tiza lo que es totalmente suyo y lo que le pertenece a los demás o a un determinado grupo. Y acá, con gente obedeciéndole, trató de impulsar una visión.

Y lo que resultó fue algo rotundamente hermoso.

  • Crítica en contra: Por más que este muchacho siga generando bandas, todo esto huele a que bien podría juntarse de vuelta con los Wolf Parade y dejarse de hinchar las pelotas con tanto chingui-chingui.





Wovenhand - The laughing stalk
  • Resumen: El renacimiento del hombre del renacimiento.

Para quien venga leyendo este blog sabrá que David Eugene Edwards es algo así como uno de los santos patronos de las tardes en que nos ponemos a escribir pelotudeces. Tadeo ya había reseñado su último disco de estudio, y es de notar el profundísimo cambio que el ex 16 Horsepower le insufló a su proyecto. Entre The Threshingfloor y The laughing stalk existe un soberbio disco en vivo que reúne todo el abanico de canciones desde que se formara la banda, allá por el 2002. Fue grabado en una catedral y está implícita el aura de ritual desde la primera canción. No sería para nada loco pensar que ese registro en vivo marca una suerte de despedida de una manera de producir canciones y arreglarlas. Digo que no es loco pensarlo así porque The laughing stalk es el disco más sucio, rockero y violento que este muchacho ha hecho, incluso más visceral que su época punk-folk en 16 HP.

Si bien líricamente mantiene toda la estampa que lo caracteriza, o sea ese misticismo casi teatral donde la tragedia apocalíptica tiene mucho que ver con deslizar un mensaje acerca de la redención, sonoramente hablando podemos notar una faceta más cruda y desprolija, así como también cierto éxtasis eufórico que se lleva por delante cualquier pensamiento relacionado a hacer un disco pensando adónde disponer bien la energía. Esto suena espontáneo, apurado adrede, como grabado en un fin de semana de epifanía y sudor catártico.

Para los que vienen siguiendo Wovenhand desde sus primeros discos quizá no puedan engancharse a este nuevo cariz, ya que desde siempre prevaleció una estética mucho más relajada, más contemplativa. Por mi parte, lo único que puedo llegar a decir es que siempre me pregunté cuándo sería el día en que Edwards iba abandonar esa tensión, esa furia pasivo-agresiva de dientes apretados e iba, en cambio, a mostrar sus tripas, agarrándose los huevos en un grito pelado, dejando ese banjo extraño que lleva para todos lados y rompiendo guitarras como un poseído. Puedo decir muy contento que ese día llegó.

  • Crítica en contra: Si bien no tengo ningún problema con la espontaneidad del error, hay que considerar que si se gastaban la plata equivalente a un mes más de estudio el disco podría haber salido 5 veces mejor de lo que ya es. Ah, y Edwards es un chupacirios. Pero con onda. Ojalá todos los chupacirios fueran como él.





Dinosaur Jr - I bet on sky


  • Resumen: Vejetes rockeando sin parar, como debe ser (y por sobre todo, ¡sin estafar con discos de greatest hits!)

A estos muchachos hay que perdonarles todo. ¿Por qué? Porque deben ser una de las pocas bandas con cojones que quedan. Hay que entender, por sobre todas las cosas, que son los últimos mohicanos del rock & roll. Les importa una mierda qué parámetros hay que seguir para sobrevivir en el maremoto anual de bandas. Ellos tocan, y punto. Realmente da la sensación que a ellos les chupa un huevo que el disco te guste o no. Ellos tocan proponiendo cosas para ellos. Algunas melodías más o algunas melodías menos, de todas formas la voz de J. Mascis, paradójicamente, se impone sin ser estruendosa (de hecho, ¡todo lo contrario!). Se impone el ruido, se impone el hecho de seguir en la ruta, se imponen esos solos de guitarra que, estructurados y todo, se descalabran y se vuelven a armar como quien se despeina por el viento y se junta los pelos con la palma de la mano como si qué.

También se impone el ir probando cosas medianamente nuevas sin salirse de una línea, de un marco. Ellos saben hasta dónde pueden dar. Y resulta que dan un montón. Y ahora, viejos y todo, apuestan por más. Son personas que se lastraron 800 asados en su vida y ahora agarran y dicen, "si, me como 800 asados más, pero también quiero ensalada, postre y pelopincho, ¿algún problema?", aún sabiendo que sus estómagos quizá no den para tanto. Pero ellos se mantienen altivos y al mismo tiempo ecuestres, de a pie, terrenales. Ésa es una dicotomía muy difícil de alcanzar: ser totalmente gigantes y andar en bici un sábado a la tarde. Si comparamos lo que hacen estos muchachos con la formulita criogenizada de Aerosmith o los interminables discos de grandes éxitos de los Rolling Stones (que mejor deberían cambiarse el nombre y llamarse The Walking Dead Stones), sinceramente antes de criticar mal un disco de los Dinosaur Jr. deberías pensar cómo quedan tus pulmones después de haber corrido el colectivo por tres cuadras. Porque estoy seguro que con esa cara de buenos pibes, el trío entero no sólo corre el bondi, sino que lo alcanza, se suben, se culean al colectivero, se bajan y persiguen otro.

  • Crítica en contra: Niempedo. Son los Dinosaur, la concha de tu madre, ¿cuál es tu problema? Quizá los 2 o 3 temas que están en el medio flojeen, pero... ¿y?





Lee Ranaldo - Between the times and the tides


  • Resumen: "Lee Ranaldo es la pila, pero Thurston Moore es el que lleva la linterna." (Tabao dixit).

Este año significó el año en que la disolución de los Sonic Youth, ocurrida más o menos por octubre del 2011, se efectivizó transmutada en discos de cada uno de los integrantes. Si bien Thurston Moore primereó con su Demolished Thoughts, publicado el año pasado, y Steve Shelley se fue a tocar la bata con los Dissapears, faltaba que el calladito de la banda, el señor Ranaldo, hiciera su propia movida. Y lo hizo a comienzos de este año, con 10 canciones que documentan y justifican por qué no sólo fue una parte fundamental de los SY, sino también por qué es uno de los mejores compositores (y más escondidos) que existen desde los 80s.

Cuidado: el disco en sí es un tanto bipolar. Va y viene por estados de humor bien concretos, a veces optimistas, a veces intimistas, a veces con prédicas, preguntas, quejas y declaraciones de principios. Es muy riesgoso que una persona pueda meter en un solo listado de temas todo un abanico de propuestas y estructuras y salir bien parado. Pero claro, vos que te pensabas. Si se trataba de una banda nueva el error hubiera sido fatal, por no decir pretencioso. Pero acá Ranaldo, con extrema sutileza y humildad, lo filtra todo con su guitarra. El gran comodín del disco es él mismo y el modo de articular sus propias mutaciones. A simple vista puede ser una propuesta bastante ecléctica, en un sentido medio peyorativo del término. Onda como que el tipo quiso acaparar mucho.

Pero el canoso es el canoso. Es el que musicalmente hablando armó desde el fondo a los Sonic Youth mientras Moore andaba destrozando guitarras y tímpanos. Era el cerebro en toda esa montaña de locura. Y acá no le pinta seguir el camino de su banda de siempre. Acá prueba otras cosas, otros derroteros. Y te deja con el culo al aire con los resultados.

  • Crítica en contra: algunas letras son medio lameloides. "Medio" si se las escucha con una oreja.




  
Neil Young with Crazy Horse - Psychedelic Pill


  • Resumen: Primer anti-disco de la lista.

Ok, esto es folk. Y también es grunge. Y por qué no, de paso cañazo, es drone. O sea, esto es improvisación controlada, el caos conducido. Esto es volver. La Old Black en una orgía de dedos y notas y todo, todo, todo el tiempo del mundo para hacer lo que te salga de los cojones. Así, bajo estos términos, El viejo aún tiene cosas para decir. Y no transa en hacer un disco de acuerdo a los reglamentos políticamente correctos acerca de cómo se hace un disco. Absolutamente todo lo contrario, en vez de hacer eso te propone un viaje. Un viaje de la reputamadre que lo parió, de más está decir.

Esto es actitud, señoras y señores. Hacer el disco que se te cante. Hacerlo como se te cante porque sabés que hay una conexión espiritual, metafísica o pluripotencial, andá sabé, con el que lo va a escuchar. No le estás tocando a cualquiera. No estás haciendo canciones para que las minitas se mojen. No estás tocando para que te pasen el tema en la radio o entre medio de cualquier reality de embarazadas quinceañeras. No le estás rindiendo pleitesía absolutamente a nadie. Estás dejando que la guitarra sencillamente hable. Hacés lo que hacés porque, irónicamente, siempre vas a ser demasiado viejo como para tener todo el tiempo del mundo. Entonces cada puta cosa que te sale es una oda de visceralidad atemporal y, al mismo tiempo, de inaudita tranquilidad. Porque es, a la larga, la confianza que expone una enseñanza máxima: el hecho convivir con el ruido, el hecho de vivir sabiendo que el ruido siempre fue, aunque todos te digan lo contrario, melodía. Es saber que podés llegar a emocionar a alguien enseñando a comprender el verdadero significado del ruido, que no es otra cosa que el sonido sin procesar, pura, lisa y llanamente que sale de tu alma.

  • Crítica en contra: ¿por qué no me la chupás vos y tus críticas en contra?





The Twilight Sad - No one can ever know


  • Resumen: Me saco el saco lleno de ruido y me pongo el que está lleno de lucecitas... pero igual sigo como el culo.

A las bandas no se les permiten los cambios superficialmente radicales. Vaya a saber uno por qué carajo existe un acuerdo tácito que implica que tus discos siempre sean variaciones dentro de un rango instrumental determinado. Hubo un momento en la historia en que la música acaparó uno de los conceptos dorados del diseño gráfico y no lo soltó: esto es, evolucionar progresivamente, paso a paso. En diseño, si clavás un logo nuevo en un diario, así, de un día para el otro, desconcertás a los posibles compradores. Ya les pasó a La Capital, el diario rosarino, cuando literalmente de la noche a la mañana le agregaron esa banderita pedorra en el medio del isologo ¿qué pasó? Espantaron a casi todos los jubilados que lo compraban. Musicalmente hablando ya les pasó, por ejemplo, a los Yeah yeah yeahs, allá por el 2009, cuando abandonaron la postura punk-rocker-fiestera, largaron las distorsiones a la mierda y se dedicaron por completo a ver qué podían hacer con sintetizadores y máquinas de ritmo. Y eso significó para ellos una especie de pseudo-disolución. Cada carancho a su rancho (aunque han anunciado regreso y grabación para el año que viene).

Pues bien, acá ocurre algo similar. Los escoceses relegaron los colchones de distorsión y la actitud noise-post-punk y los cambiaron por las texturas sintéticas, aún conservando la actitud por la cual fueron a parar a mis orejitas en una primera instancia. Incluso le añadieron ciertos matices sutiles de bronca, de tensión, que antes no tenían.

El punto, creo yo, está en lo que representa la osadía de largar todo lo que estuvieron haciendo y probar cosas distintas, aún a riesgo de perder algo relacionado a la esencia que estuvieron desarrollando por dos discos y multitud de Eps y splits y que configuraban, así, toda una estética a seguir. Aunque la esencia está igualmente preservada en las letras, en la postura, en la cadencia. Pero bué, loco, esa osadía es de respetar. No es poca cosa que sigan por la misma dirección pero por diferente carril.

Además, éste es un disco que me gusta por cuestiones muy personales. Digamos que es un disco que escuchaba mucho durante la época de producción intensiva de Black Tin Box y el video que pongo a continuación fundó las bases conceptuales de ese libro. Así que me disculpen, pero no ponerlo en el ranking sería una salvajada de mi parte.

  • Crítica en contra: No sé si al disco en sí (aunque hay que reprochar cierta tendencia a la repetición estructural), pero es de criticar la espera a la que esta gente nos tiene acostumbrados para que salga algo nuevo y ver, finalmente, cómo fue que procesaron todo lo anterior con todo lo que propusieron en este disco.





The Jon Spencer Blues Explosion - Meat and Bone


  • Resumen: A falta de nuevo disco (de estudio) de The Black Keys, buenas son las explosiones de noise-blues.

Lo loco de estos tipos es que no se sabe si lo que hacen lo hacen con total respeto a las referencias sobre las que se basan o si la banda es un sarcasmo gigantesco y nadie se da cuenta. O sea, esa voz hecha mierda llena de filtros, esas armónicas sobre acoples descontrolados, sintes rotos y ruidos blancos, esos bajos destrozados mezclados con baterías al borde de la crudeza sonora más abyecta, esa actitud de todomechupaungüevo pero con la suficiente organización como para que los tipos vayan por caminos que ya han recorrido chotocientas bandas pero con una pátina de lo-fi y mala baba imposible de descartar cuando querés levantar un poco el ánimo en una fiesta de borrachos autoconscientes de su propio hastío existencial. Hasta se permiten cambios de tono, ritmo y género en alguna que otra canción que, si me apuran, los emparenta con Mr. Bungle. Los prolijitos y bienpeinados de The Black Keys ganaron el año pasado, ¿no? Ok, ahora démosle una oportunidad a estos desprolijos de mierda que no son ningunos caídos del catre. Aguante el olor a pata.

  • Crítica en contra: Cierta condescendencia y respeto subliminal, por momentos, a los gigantes sobre los que están posados, pero no la suficiente como los pedorros de Tame Impala. Ésos sí que chorean tanto que hasta dan diarrea. O sea, hilando fino, no hay nada demasiado malo para reprocharles. Los tomás o los dejás. 





Dissapears - Pre Language


  • Resumen: Ian Curtis se zombifica y viene a cantar un rato con lo' muchacho'.

Bueno, no sé, me lo bajé porque tocaba el batero de Sonic Youth, me reventó las orejas de gusto durante un buen tiempo y una vez que lo depredé completamente me bajé los anteriores para seguir con la cosecha rompetímpanos. Y como los dos primeros discos venían por otros cauces no tan del gusto de la época que yo estaba atravesando (lo que no significa que sean malos) volví a éste, lo gasté un poco más y lo dejé estar por otro par de meses. Ahora lo agarro para esta reseña y sí, la cosa sigue estando ahí. Esto es lo que hace falta escuchar cuando hablamos de post-punk actual. Esto es lo que hace falta per se: una banda con algo que ofrecer por su cuenta, aún a riesgo de que suenen como muchas bandas (especialmente a los Joy Division pero con toda una carga de ruido que dudo mucho que a los de Salford se les hubiera ocurrido desarrollar); una banda con formación clásica de rock pero con letras que sacuden en el entorno indicado; con ambientes, texturas y tonalidades que pasan de maneras tanto imperceptibles como contundentes de acuerdo a tu grado de atención del momento. Hay también un marcado tono al concepto, a establecer un disco que sea escuchado de pé a pá, más allá de las canciones como entidades separadas.

  • Crítica en contra: No sé si esta vez la clavaron de pedo y el próximo va a ser una bazofia pinchada en un palo o si realmente cambiaron, crecieron y encontraron su justa medida. A juzgar por los otros discos de estos muchachos, bien podría inclinarme a pensar que es la primera opción. Quiero estar totalmente equivocado.





Swans - The sheer


  • Resumen: El caos.

Bienvenidos al mundo enfermo de Michael Gira. Bienvenidos al segundo anti-disco de la lista, el que te deja en posición fetal en un rincón pidiendo un flan casero de postre. Nunca vas a querer tanto que venga tu mamá y te arrope como cuando termines de escuchar la aberración, el apocalipsis, el mismo infierno metiéndote un dedo en el culo. Cito textualmente parte de una crítica extraída del blog Hipersónica que es totalmente inherente:

"The Seer es reírse de todo aquel que lo escucha, de todo aquel que permanece más de hora y media pegado a unos audífonos solo con el fin voraz de ver hasta donde es capaz de llegar Michael Gira, hasta donde ha crecido su locura en estos 30 años de carrera. The Seer es todo esto y no es nada. The Seer es una obra atemporal que lo recoge todo. The Seer es una obra que hace 60 años habría supuesto un escándalo. The Seer dentro de otros 60 años será piedra angular de la nueva música. Pero The Seer no puede ser disco del año, porque The Seer no ha sido creado con tal propósito sino con el contrario. The Seer no ha sido creado para ser amado, sino para ser odiado. The Seer no puede ser disfrutado, The Seer debe ser sufrido."
Desde que volvieron al ruedo en el 2010 con My Father Will Guide Me up a Rope to the Sky, ya todos sabíamos que estábamos escuchando nada más que una puntita de la atrocidad mental de estos muchachos. Una vez que el trámite del regreso fue cumplido, ahora viene la progresión, el hecho de justificar por qué y para qué una banda tiene que volver a juntarse y producir cosas nuevas. Y lo que ellos eligieron hacer fue agarrar y decirte "vamos a volver para que el cerebro te salga derretido por las orejas y nunca entiendas absolutamente nada de la vida, vamos a volver para decirte que sos un retardado que no se da cuenta que el caos gobierna al hombre y que nosotros, así, vamos a mearte en la cara durante un buen rato mientras nos reímos a carcajadas del sinsentido del mundo".

Este disco frenético, elegíaco, pagano es, ni más ni menos, que la más cruda representación del caos. Y nosotros, en Unabomber, le prendemos velitas a San Caos todas las noches escuchando a los Swans.

  • Crítica en contra: Y... medio como que podría apostar mi mano derecha a que muchos van a apelar a la corrección política diciendo que es un discazo sin tener la más puta idea de lo que están diciendo. O sea, así como te queda bien decir "uh, eso es re-lyncheano" cuando en realidad te quedás dormido a los 5 minutos de Eraserhead, lo mismo va a pasar con este registro.





El Mató a un policía motorizado - La dinastía Scorpio


  • Resumen: Oh, l'amour, l'amour.

Y resultó ser que los pibes se mandaron un nuevo disco, después de tanto esperar y tantas conjeturas y tanto esto y tanto lo otro. Esta vez sin pertenecer a ninguna trilogía ni a toda una forma de estructurar sus registros en semi EPs cortitos, contundentes y definitivos. Borrón y ¿cuenta nueva? A simple vista esto configura una suerte de bisagra para lo que ya son (una de las mejores bandas argentinas) y lo que vendrá. Las letras hablan de las relaciones, del amor y de las mujeres, esos entes misteriosos que dan origen a toda una dinastía de comunión y magnetismo que, sin embargo, obligan a replantearte para qué estás vivo en este planeta de mierda. De todas maneras no profundizan en cambiar demasiado, para no asustar a nadie. Insisto: es un ida y vuelta entre lo que ya se conoce (letras minimalistas, crescendos controlados) y algunas apostillas que son plausibles de ser explotadas en un futuro (nuevas búsquedas melódicas en la voz y en las guitarras, mayor presencia de teclados y cierto desapego de lo desprolijo en pos de lo sonoramente luminoso y/o producido de otra manera) que realmente te deja pensando no en el disco en sí, sino en lo que vendrá cuando puedan soltarse del lastre de estar pensando (quizá) en un disco con tanta expectativa como éste. O sea, ocurre lo mismo que con el disco de The Twilight Sad, pero un poco más pecho fresco, más a lo seguro. Pero hey, estamos hablando de la única banda argentina que hoy por hoy puedo escuchar sin ningún prurito y bancarla como uno de sus fans más acérrimos. Consejo: que saquen el próximo disco lo más pronto posible y se dejen de hinchar con demorarse tanto. Laburen, loco.

  • Crítica en contra: no dejo de sentir que sobran temas y no dejo de pensar que me gustaban más cuando vaticinaban apocalipsis zombies en vez de cantarle a las chicas.




Conclusión:

En líneas generales, y si nos ponemos en optimistas, éste fue un año de revisionismo. No apareció ninguna banda total y completamente rompedora y cada uno por su cuenta y desde su propia postura, podemos ver que no es casual que exista un revival de lo ya conocido una y mil veces. O sea, tampoco es casual que Neil Young esté generando tantas cosas copadas con lo que sacó, incluso se permitió el lujo de sacar dos discos este año (Y guarda que Psychedelic Pill es doble). O que Dissapears o The Jon Spencer Blues Explosion estén acaparando la atención rasqueteando los costados post-punk y rocanrroleros clásicos respectivamente. O que Dinosaur Jr. o Swans, bandas que provienen de otras épocas, de otras lejanías, sigan enseñando cosas. O que Lee Ranaldo sea una marca de seguridad antes que un limbo de expectativa. Todas aquellas bandas que hoy por hoy son tenidas en cuenta, como Tame Impala, The XX o Beach House (por nombrar unas pocas) no cargan, en la opinión de quien escribe, con la suficiente pasión como para que se destaquen. Y cada una de estas bandas sacaron segundos discos (excepto los Beach House, que ya vienen por el cuarto) que son, a su vez, sombras de lo que significaron sus debuts y/o crecimientos.



Menciones a los que se quedaron afuera por el puto número redondo:

The Mars Volta - Noctourniquet: porque está bien, muchachos, yo los entiendo. Quisieron cambiar un poco y no, loco. No les puede salir toooodas buenas. Igual ustedes chorrean ideas como quien suda una tarde de verano sin ventilador, y un disco malo de ustedes equivale a 5 discos buenos de Tame Impala. Así que sigan para adelante, graben otro más que yo los banco igual.

Patti Smith - Banga: porque es demasiado rico para tomarlo despacio. Patti, con bigotes y todo te doy hasta que Ron Damón pague la renta, sabelo.

Yo la tengo - Fade: porque empezaron a difundirse links leakeados la semana pasada y técnicamente tiene salida para el 2013, así que por bueno que esté hay que ser condescendientes con la idea de que estamos reseñando este año, porque sino con ese criterio pongo a Ramones y a la conchasumadre todo.

Deftones - Koi No Yokan: porque son los Deftones, y con eso es suficiente. Van camino a convertirse en los Motorhead de esta nueva generación, pero es irreprochable la conducta, las pilas y la pasión que le ponen a lo que hacen. Y porque ameritan un post aparte porque son el ejemplo que estoy usando para explicar otras cosas.

Mark Lanegan Band - Blues Funeral: porque sos copado, Mark, siempre lo fuiste. Sabés que te banco un montón. Nomás te tenés que dar cuenta que hay un límite. Casi cassssi entraste en el ranking, pero huelo que medio como que la moqueaste. Pero te quiero porque sos vos, ¿eh? Si hubiera sido otro iba a verte a Buenos Aires y te reventaba el marulo a tomatazos.

Bear in heaven - I love you, It's cool: porque justamente es el segundo disco de esta banda y se repite el patrón de The XX y Tame Impala: no pueden consigo mismos y, sin dejar de ser buenos, tienen más agujeros que los discos que quedaron en los diez elegidos. De todas maneras hay que apoyar muchísimo esta banda, en cualquier momento explotan como pochoclo y vamos a ser los únicos que vamos a decir, "eh! Yo a esta gente la vengo siguiendo desde hace un montonazo! Correte, hipster de mierda, dejame hacer pogo!"

ese caballo hecho de chispas

/ miércoles, 7 de marzo de 2012 /


Lo que pasa es que es un mundo triste y maravilloso, me dice Mark Linkous desde un más allá transmutado en bits por segundo y explotando con suavidad directamente hacia mis orejas.

Segundos más tarde, partiendo desde un colchoncito de ruidos blancos, cintas de cassettes que vuelven y repiten lo mismo, samplers que se rompen y que dan forma sin querer a un riff de guitarra quemadísimo, me va a confesar que está cansado de despedidas, que lo único que queda es mantener el fuego bien alto mientras todos, siempre, van a entender mal las cosas.

El muchacho hace dos años (y un día) finalmente se salía con la suya, luego de varias intentonas. Quien durante 15 años fuera el alma y el vestido de Sparklehorse, una de las bandas más extrañas, hermosas y caóticas a la que se puedan tener acceso, se martillaba los calambres por última vez eligiendo irse, tumefacto de pajaritos que duelen y de pianos en llamas. 

Sí, bueno, esperá un poco. No seamos tan solemnes. Estamos hablando de otro fiambre más en la larga lista de personas que ya no aguantan un carajo y se pegan un corchazo o se empastillan o se ahorcan con el cable del teléfono. Son personas que cubren un patrón determinado en la música de estos últimos ¿50? ¿60? años. Esta persona en particular hizo él solo una banda y tenía una visión particular acerca de la música, una mezcla entre Tom Waits, Clash y Daniel Johnston. De hecho se dice que era el único que entendió realmente lo que Johnston quería hacer. También se dice que era un muchacho muy simpático, pero que siempre pedía que apagaran todas las luces. Sus migrañas eran gigantescas pero él era el que estaba siempre atrás de las grabaciones de cada disco de Sparklehorse de una manera obsesiva, tocando cada instrumento, arreglando las canciones, haciendo de ingeniero de sonido y añadiendo, sacando, puliendo cada detallecito. 

Podía destrozar una canción pop sin ninguna culpa y la sometía a los vericuetos del lo fi. Grababa cualquier cosa del ambiente y la metía entre canción y canción en un frenesí de ciclotimia y bipolaridad, digna de un depresivo matriculado. Formaba parte de esa raza casi extinta de compositores de discos: cada canción aislada significaba una cosa y se resignificaba al escucharla formando parte de un concepto integral. Distorsionaba o filtraba su voz como si fuera un fantasma, cuando de hecho gran parte de su lírica remite directamente al folklore de los espíritus en zanjas, las lechuzas en árboles, las medianoches neblinosas, las monedas puestas a los ojos de los muertos. Sus letras, casi siempre surrealistas y a menudo cargadas de algo de épica redentora, están pobladas de animales de granja: caballos, ponys, vacas, cerdos, perros... Y en cada animal hay una metáfora de la vida campestre que se contrapone con las distorsiones y las cajas de ruido. De vuelta, la bipolaridad. El estar y no estar, el pretender organizar el caos, el querer estar tranquilo en el medio del ruido. Buscar la belleza en las cosas que se caen a pedazos.

Como ocurre con muchas bandas, en Europa se habló mucho de Sparklehorse, y más aún después del episodio ocurrido en Londres, en 1996. Justamente habiendo alcanzado algo relativo a la fama y excediendo las fronteras del indie norteamericano, figura como telonero de Radiohead en la gira de ese año. Y es entonces cuando, viajando hacia Inglaterra listo para tocar, el tipo tiene su primer "intento" aunque ojo, no sé si deberíamos llamarlo definitivamente intento: para una persona de estas características algo como el jet lag puede ser el total justificativo del consumo masivo de antidepresivos, por ende si fue un intento o no quedará en la especulación. Lo cierto es que luego de la sobredosis y las consecuentes 12 semanas internado, las sillas de ruedas y las muletas comenzaron a formar parte de su rutina tanto como una guitarra o un pote de pastillas. Conoce muchos amigos en el medio, claro, pero la fama se le tuerce. De todas formas a Linkous todo eso siempre le chupó un huevo. "Soy el perro que se come su propia torta de cumpleaños", dice en una de sus letras.

Así y todo, con 5 discos y varios EPs, Sparklehorse aún hoy es relativamente desconocida, siendo sinceros, y la muerte de Linkous no hizo que llovieran homenajes, discos especiales o megatributos (exceptuando el muy bonito disco francés llamado I Wish I Had A Horse’s Head, con 19 bandas indies francesas haciendo 19 covers). Y está bien, no importa eso, ¿por qué habría de demandar algo así?. No importa que detrás suyo músicos como Iggy Pop, PJ Harvey, Black Francis. Nina Person, Wayne Coyne o Julian Casablancas hayan estado en sus canciones. No importa que David Lynch fuera su amigo y fotografiara cosas exclusivamente para él. No importa nada. 

Hoy por hoy nos quedan sus canciones. Simplemente como una muestra para recomendar esta banda voy a elegir una del montón, que me parece que resume apenas un poco tanto su propuesta estética como su contenido lírico. La versión "oficial" de Happy Man, aparecida en su disco Vivadixiesubmarinetransmissionplot, está atravesada por capas de frecuencias de radio y es una canción que aparece como un fantasma dentro de otra canción, quizá de cuna, quizá para relajar caballos enfermos. Pero luego aparece su grabación original en el EP Distorted Ghost y es, ni más ni menos, que un himno de una persona que demanda a gritos un poco de felicidad.


Tadeo El Apócrifo recomienda:

/ domingo, 27 de febrero de 2011 /

PJ Harvey - Let England Shake (2011)


* 
The West's asleep. Let England shake / weighted down with silent dead / I fear our blood won't rise again.

La batalla de Galípoli es probablemente uno de los enfrentamientos de la Primera Guerra Mundial más desconocidos, al menos por estos pagos, y al mismo tiempo fue uno de los más sangrientos. Vayámonos por un rato hasta febrero de 1915, con la Gran Guerra apenas iniciada y con la coalición francesa e inglesa (que, como se sabe, ésta a su vez estaba conformada por el pueblo australiano y neozelandés) viendo a la península de Galípoli como un punto neurálgico para establecer un contacto con Rusia, asedidada por el Imperio Otomano, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Alemán. Claro, pero para establecer ese contacto primero había que abrirse paso por Turquía y conquistar Constantinopla (ahora Estambul) y estos pibes no se la iban a hacer sencilla. Más bien todo lo contrario, si a esto le sumamos la falta de pericia estratégica de un ignoto gordito conocido como Wiston Churchill comandando el cotarro inglés. 
 
Sin extenderme demasiado con la clase de historia, nomás vamos a decir que el desembarco de ingleses y franceses a las costas otomanas ha quedado en las crónicas a base de más de 250 mil bajas, tanto de un bando como del otro. Barco que largaba soldados, barco que era bajado a cañonazos. Y aquel soldado que zafaba de las ametralladoras y cañones, moría desmembrado por las minas dispuestas a lo largo de toda la playa. En resumen, las costas de Galípoli fue un hervidero de tripas y  balas durante casi un año y que, efectivamente, sacudieron Inglaterra y borraron la sonrisa tonta de la época victoriana de un plumazo.

Esta historia de desolación y muerte es lo que elije PJ Harvey en Let England Shake, contada desde algunas de las canciones que componen esta especie de disco conceptual en donde oimos a la que alguna vez le han llamado La Vagina Salvaje convertirse en una especie de vocera de los muertos, de reportera gráfica de la degradación. Ataviada en sus recitales en vivo con plumas negras en la cabeza como si se tratara de un cuervo o quizá de Hela, la diosa nórdica de los muertos, Harvey nos trata de transmitir qué fue de nosotros como seres humanos tras esa contienda (que en realidad podría ser cualquier contienda) y al mismo tiempo contarnos un poco qué siente acerca de su país natal compuesto por "la húmeda y gris inmundicia de los siglos, la niebla rodando por las montañas y en los cementerios y en los capitanes muertos".

Todo parece indicar que si juntamos el mantra Contá-tu-aldea-y-contás-el-universo y lo mezclamos con una crónica bélica perdida en la historia podriamos tener la fórmula para hacer un disco perfecto. Si, claro, pero también tenés que ser PJ Harvey. Qué te pensaste.


* 
How is our glorious country ploughed? / Not by iron ploughs / Our lands is ploughed by tanks and feet, / Feet / Marching.

El octavo disco de PJ Harvey es un vórtex multicultural y al mismo tiempo son 40 minutos absolutamente homogéneos y siempre sujetos al tópico de la muerte, el tiempo y el concepto de nación. PJ Harvey sabe lo que hace y desde lo musical nos susurra que Inglaterra es todo eso, como si estuviera parafraseando musicalmente el clásico "estamos parados sobre los hombros de los gigantes". Es un pastiche de folk, rockabilly, shoegaze, reggae y dream-pop en donde todos los instrumentos, desde saxos hasta xilofones, pasando por harpas, órganos y samplers, están sumergidos en un sueño de ecos y reminiscencias al pasado. Pasado que no es agradable pero del cual PJ líricamente le saca belleza allí donde solamente hay putrefacción y pedazos de cuerpos colgados de los árboles. Nos cita a TS Eliot y a Goya y al mismo tiempo escuchamos lamentos árabes y mantras asociados a la sangre y al fuego. Su voz es el motor por el cual la mina va asumiendo diversos roles, como los de un soldado partido al medio, viendo sus tripas y con total ironía piensa "¿Qué tal si llevo mi problema a las Naciones Unidas?" (en un fraseo parecido al de de Summertime blues de Eddie Cochran... o sin más vueltas, su versión latinoamericanizada: Mi novia Popotitos, ja) o el de un pájaro (un cuervo?) que sobrevuela sobre la costa plagada de cadáveres y en donde “el aroma del tomillo (juego de palabras entre Time/tiempo y Thyme/tomillo) se lo ha llevado el viento". La melancolía a veces deja paso a cierto atisbo de protesta (el estribillo de The Glorious Land grita "¿Cuál es la gloriosa fruta de nuestra tierra? Su fruta son los chicos deformes / ¿Cuál es la gloriosa fruta de nuestra tierra? Su fruta son los chicos huérfanos") y de la protesta nos hundimos progresivamente en la sordidez onírica (el comienzo de All and Everyone habla por sí sola: "La muerte estaba en todos lados / en el aire / en los sonidos / saliendo de las montañas de Bolton's Ridge / era la muerte anclándose"). Todas y cada una de las canciones nos deja atados y nos libera en una mezcla de sentimientos . No es que estamos parados sobre los hombros de los gigantes, estamos parados sobre una tierra plagada de pólvora y ceniza.


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There are no fields or trees / No blades of grass / Just unhurried ghosts are there / Hanging in the wire

Grabado en una iglesia en Dorset y con Flood y John Parrish produciéndolo, el disco contiene permanentemente el simbolismo de lo etéreo en la misma reverberancia en los instrumentos y en las voces. Es un disco totalmente distinto a los anteriores pero como siempre ocurre con PJ Harvey, es un pedazo más de tripa que se saca, siempre preguntándose cosas y tratando de entender qué es todo esto. Al principio lo hizo a los gritos y con distorsiones (Dry, de 1992 o To bring you my love, del 1995, por poner dos ejemplos), luego trató de entender qué es estar enamorado (Is this desire?, de 1998) o qué es estar feliz (Stories from the city, Stories from the sea, del 2000) y luego de esa purga estilística llamada White Chalk (2007) PJ Harvey vuelve reconvertida y tratando de entender la muerte y el tiempo y qué es lo que nos deja a los que seguimos vivos acá y ahora.

Y es el paso del tiempo donde "la naturaleza cruel ha ganado otra vez", como si estuviéramos atados a repetir el pasado una y otra vez, como si la batalla de Galípoli fuera la 1era o la 2da Guerra, o Vietnam, o Irak o Malvinas pero fundamentalmente como si nosotros mismos como sujetos no fuéramos demasiado conscientes de nuestros actos y del sabor amargo de la desaparición, siempre bajo la mirada omnisciente de algo mucho más grande que nosotros. Ningún hombre ni mujer ha revelado los secretos de este mundo.


 
Link para descargar Let England Shake haciendo click en la imagen del disco o acá.
(no me culpen si el link está caído, yo simplemente copio y pego)
Web oficial: http://www.pjharvey.net/

Shitface incendia:

/ sábado, 1 de enero de 2011 /

Indio Solari - El perfume de la tempestad (2010)

Amigos y amigas, bienvenidos al sacrificio coprófago de La Gran Vaca Sagrada. O la Nueva Gran Estafa, que es lo mismo. Bienvenidos al show biológico del hombre que baja de la montaña cada dos años a comunicar su visión total hacia los monos anestesiados. ¡No somos dignos!

1- La peor publicidad de perfume del mundo:

Renzo: Bué, a ver, poné el disco.

Tadeo: Che, ¿no es medio al pedo criticar mal un disco? ¿Acaso no es mejor recomendar algo que nos guste?

Shitface: No me rompás las pelotas. Si querés vas y subís una de esas bandas cagorras indis que sólo son escuchadas por los familiares de los integrantes. A mí dejame en paz, el Indio merece ser cagado a tomatazos.

Tadeo: ¿Y vos quién sos para apuntarte como el primer revolea-tomates del mundo?¿Te vas a meter con todos esos pobres pibes que se gastaron 18 millones de dólares por un disco medio tonto pero que lo necesitan para seguir creyendo en el rock?

Shitface: Que se nos meta en la cabeza de una buena puta vez: el rock está muerto, el punk es un zombie decadente con un palo en el culo, el metal fue sacrificado en un ritual para las mismas divinidades nórdicas que siempre veneraron. Ja. Luchando por el (vil) metal.

Renzo: Só má boludo que un piano.

Shitface: De todas maneras esa gran farsa llamada rock nacional aún no se ha decantado en el auto-reconocimiento sincero de que está sumergido en una trampa china y que en vez de serenarse un poco lo único que trata de hacer es tratar de zafar espásticamente de las garras de la trampa. Y todo sabemos que eso es lo peor que podés hacer en este tipo de situaciones.

Tadeo: Bueno, sí. El rock en sí se murió y el rock nacional apesta. Lo peor que le pudo haber ocurrido al rock es tener como padre a Lito Nebbia.

Renzo: Lito, Fito y Nito. Sus majestades satánicas, jajaja. Y ni hablemos de Spinetta. Uf.

Shitface: Es que la prueba está en el contexto: ya no existen próceres que amanezcan al lado de un charco de vómito. Si hay algo que es intrínseco del rock es la auto-destrucción de los que lo generan. Y lo que prevalece hoy por hoy es lo opuesto: el cuidado, la atención, la caridad, el vegetarianismo. Charly García es una ameba triste y gorda que lo único que hace es golpetear las teclas de su piano como un autista perdido en el limbo de la psiquiatría. Calamaro está enganchado en la rumba psicodélica del oficialismo y el cordón umbilical lo está ahogando progresivamente. Y si eventualmente no termina ahogado por Mamá Cristina, va a morir tarde o temprano a manos de su novia rubia y bañada en Head & Shoulders. El Pelado Cordera disfruta de su hogar uruguayo, a Pity todavía le están reconstruyendo el pito con carne picada y pan rallado, los Divididos ya no son una aplanadora sino un camioncito Duravit, a Los Piojos los mató Nopucid y así podemos seguir ad infinitum. Y ojo, ni se nos ocurra hablar de Cerati porque la lluvia de cascotes se va a venir potente. Claro, dentro de todo este panorama Los Redondos serían una leyenda intocable si no fuera por la extraña aparición de este Cristo Redentor tratando de desafiar las leyes cuánticas imponiendo un falso cariz de fusión estilística y lírica místico-criticona.

Tadeo: Bueno, ya. Me duele el culo. El rock nacional jamás fue auto-destructivo. Fue siempre cagón. El único concepto de auto-destrucción que se me ocurre es Luca Prodan, pero hasta ahí.

Shitface: Si la auto-destrucción era inherente al rock, y ya que el rock está muerto y enterrado, el recambio ahora viene de la mano del intento de reflexión sagaz y conscupiscente. La hiper-modernidad nos regala la nada misma y ya ni siquiera el pastiche conceptual significa algo, pero de todas maneras el Indio trata de seguir reflexionando tratando de ser irónico pero evidenciando un manotazo de ahogado bastante triste.

Tadeo: ¿Manotazo de ahogado?

Shitface: Es gracioso escuchar los comienzos pseudo hip-hoperos de las canciones de El perfume de la tempestad para que no signifiquen una mierda, ya que pronto vamos a ser envueltos en esas guitarras ramplonas y sencillamente estúpidas que cada puto tema nos ofrece. A esta altura de la evolución musical del cadáver del rock, ¿hace falta seguir insistiendo en solos de guitarra puestos únicamente para hacer durar las canciones algunos segundos más? ¿Cuál es el sentido de un solo de guitarra? Y ya que estamos, ¿Cuál es el sentido de hacer una canción?

Tadeo: Uff, si... me había olvidado de esas guitarras...

Shitface: Esto es lo que pienso mientras escucho lo último del Indio. ¿Para qué sentarse a pensar un disco cuando no se tiene nada para decir y al mismo tiempo hacer de cuenta que estamos diciendo algo que puede marcarnos para siempre?

Ah, sí. Me estaba olvidando. La Mayoría Silenciosa. Darle de comer al monstruo cada cierto tiempo cosa que el monstruo no nos coma a nosotros o nos deje pobres y sin presupuesto para pagar mensualmente las cámaras de vigilancia de nuestros hogares.

Todos esos muchachos con las remeritas del puño con la cadena en la mano, todas esas tristes banditas de rock tratando de emular la eucaristía lobotomizante o el versito crítico-canchero de turno, todo ese vino barato y todos los micros que te llevan a los recitales necesitan de su dosis de placebo redentor. Necesitan genuinamente que El Líder diga algo. Y El Líder apenas alcanza a esbozar un par de acordes que pronto serán llenados de leyenda al recontra pedo.

Afrontemos el hecho: El Indio no tiene nada para decir. Vende humo. Es un ilusionista caprichoso tratando de que no se le vea el conejo dentro de la galera. Y nadie se atreve a decirle que sus trucos ya son viejos.

Tadeo: Y no. Es la Última Gran Vaca Sagrada. No te metá con el Indio porque te van a cagar a piñas.

 
2- Sacrificio y rocanrról!

Tadeo: ¿A alguien se le ocurre pensar por qué se llama El perfume de la tempestad?

Renzo: El olorcito a la lluvia... ¿O alguna metáfora hacia Cristina?

Tadeo: Bueno, si es por Cristina El Perfume de la tempestad es el disco más pelotudo que podido escuchar en estos últimos 5 años.

Shitface: Es la clásica a las que nos somete el Indio... ¿Qué habrá querido decir con tal o cual cosa? La prueba, nuevamente, está en el contexto: Si hay algo que siempre se enalteció de las letras del Indio, solista o miembro de Patricio Rey, es su particular metalenguaje de la metonimia. O el hecho simple en poesía de establecer metáforas desde las metáforas. Vamos, rizar el rizo para que supuestamente tengamos chapa de profundos. El truco de humo más viejo del mundo siempre fue la supuesta noble virtud de este tipo, cuando en realidad son meras letritas teledirigidas que se han edulcorado con el paso del tiempo: la segunda persona con dedito acusador tenía algo de sentido ante la presencia de un enemigo, cuando valía la pena marcarle los puntos al desastre. Si el enemigo permanece confuso o diluído o lleva un comportamiento risomático, la segunda persona ya no sólo pierde impacto poético sino que tiene el mismo valor que una lista para hacer las compras.

Renzo: Bueno, no sé si el recurso de escribirle irónicamente al enemigo haya sido el único recurso de la lírica del Indio. Creo que no estoy muy de acuerdo con vos.

Tadeo: Seh, está sacando excusas porque sí. Andate a cagar a la vía, Shitface.

Shitface: A ver: el Indio siempre le escribió a alguien. Debido a su socarronería irónica y ambigua es lógico pensar que, como mínimo, hay un otro. Y ese otro no es amistoso. Sea como sea, fíjense que ahora habla de sí mismo o de amigos muertos, lo que implica tácitamente que hoy el enemigo no está. La larga primavera kirchnerista ha limpiado con todo y ya es difícil discernir la realidad de lo aparente.

Tadeo: Y bueno, ¿entonces es al pedo continuar escribiendo utilizando nuestro leiv motiv preferido?

Shitface: No, para nada. Lo que dice el Indio es: ahora apuntemos más alto. Antes era Menem o la tele o los milicos, ahora es esa Hidra totalizante hiperbolizada en un procesador, un modem y una pantalla. Hagámosnos los irónicos machacando contra Facebook o Internet, así alimentamos a la Mayoría Silenciosa con motivos para bardear a los chetos con Banda Ancha malgastadas en sus hogares. Tanto gre gré para decir Gregorio.

Indio, hiciste un disco prácticamente digital. Apuntar tus misiles metalingüísticos hacia lo virtual o lo digital puede confundir al ricotero promedio, pero te estás mordiendo tu propia cola.

Tadeo: y sí, bueno. Supongo que ahí coincido un poco. Si tanto se la da de criticón con "la nube" o "el negro mar", hubiera grabado el disco en un portastudio a cinta magnética o algo por el estilo.

Renzo: Yo lo único que escucho son estribillos que alimenten a la barra brava de Racing.

Shitface: ¿Viste?, es muy gracioso ver cómo el Indio se descerebra tratando de contarnos quizá sus vivencias, quizá sus miedos y quizá sus mierdas para que cualquier zombi ramplón las adopte como un cánon a seguir sin detenerse por medio segundo a escuchar un poco lo que está diciendo. Porque claro, a fin de cuentas: ¿Qué significa esto? ¿Qué mierda es este disco, tan pretencioso como mal hecho y hasta mal grabado? Fuera de joda muchachos, cualquiera con dos dedos de conocimiento puede llegar a decir sin problemas que este disco está muy mal grabado, mal mezclado y mal masterizado. Y lo peor es que este cánon se volvió dogma.

Y hay muchos dogmas, lamentablemente. Y éste muchacho es especialista en mantras, dogmas y evangelios. Desde tiempos inmemoriales, Solari ha acuñado frase tras frase para volverlas inexpugnables en la historia, para establecer tratados elementales de lavado cerebral. Para evangelizar como si se tratara de un mormón con folletito en mano pasando casa por casa diciendo que hay un supuesto fin acercándose. Y lo peor de todo es que todos compramos, en algún momento, el discurso.

Tadeo: hmm... puede ser... aunque no sé.

Shitface: Fijate que el discurso o el legado lírico no sólo de Patricio Rey sino de los intentos solistas del Indio recaen directamente no sólo en el público sino en las bandas que tratan de subirse al tren estilístico, aquellas que sin que nadie les diga nada tratan de continuar llevando una antorcha de pelotudez. La ironía siempre está presente: es increíble ver la ínfula aristocrática y solemne de cualquier canción del combo Indio/Patricio Rey sublimada en la bandita de barrio o en la apoteosis pedorra de la banda que intenta arañar algo del esquema para proyectarla en filosofía de vida, con ética y moral incorporada. Como dijo un amigo, el problema no es que copien, sino que copian mal.

Renzo: Pobre Indio. Tanto pensar y pensar para que después Pier lo imite. 4 notas de mierda y a cobrar a Sadaic.

Shitface: Lo más triste del asunto es, entonces, que la novedad y la imposibilidad de encasillar toda la experiencia que significó Patricio Rey ya hoy recayó en dogma, cánon, género. Domesticación total y completa. Y lo peor de todo, en estrechez cultural y hasta fundamentalismo. Y El Líder en vez de tirar todo eso a la mierda, no hace otra cosa que repetir esa esencia. Y esta vez la repite de una forma que no llega.

Tadeo: ¿Es que acaso el Indio tiene que ser el responsable de tirar todo a la mierda? ¿Incluso sus propias cosas?

Shitface: Bueno, se supone que es El Líder.

Renzo: Hmmm... yo cuando era chico escuchaba mucho a Los Redondos y me acuerdo el quilombo que se armó cuando sacaron Último bondi a Finisterre... es como si hubieran querido polemizar como U2 cuando sacaron Pop.

Shitface: Seh, bueno, pero de evolución no había una mierda. Eran los mismos putos temas de siempre pero con un sampler de fondo. No es que hayan experimentado tanto ni que se hayan puesto a hacer el Ok Computer. O por ahí todo lo contrario, quizá dentro de sus cerebros hayan querido hacer algo así y les salió una mierda pinchada en un palo.

Renzo: Eh che, que Último bondi me gustó...

Shitface: Si, y a vos te gusta también No Doubt. Matate.


3- Una rata muerta en los geranios

Tadeo: Bueno, pero entonces, a ver: ¿tan malo es el disco del Indio?¿Es que acaso esta vida ya no tiene sentido?

Shitface: No nos equivoquemos, detrás de esa cortina de humo gigantesca y de esa bola de grasa pretenciosa, el disco es muy simple. Y en eso consiste el aburrimiento general que me produce. Un disco con 12 temas muertos en su propia estructura, en su mayoría terminando con el cagón recurso del Fade Out y, como ya dijimos, repleto de guitarras insípidas además de loops construidos en Fruity Loops y trompetas reverberizadas para ocultar el descaro del Casiotone. Te lo creo de una banda sin recursos, no lo creo si viene de un tipo más preocupado por que no le toquen su micrófono caro que no comparte con nadie más que con su propio ego.


Tadeo: Yo siempre tuve la sensación de que sus cosas son demasiado... sobrecargadas. Es como que al tipo le gusta lo épico, lo barroco, lo multi-instrumental... Ojo, es una elección estética... pero a mi está cansando bastante ya. O sea, es siempre lo mismo: 800 guitarras, un montón de arreglos de baterías, saxo, violín, la mar en coche...


Shitface: si, para poquita cosa. El tipo nunca va a hacer un disco de folk a la Nick Drake. O sea, él solito con su voz y una guitarrita y a la mierda. Es como si necesitara de esa cosa de super-banda y pomposidad, como si toda la burbuja de mega-banda fuera el rasgo intrínseco y único para hacer una canción. Y he notado con este disco que a medida que le suma y suma y suma cosas menos va diciendo. Ésta es una nueva imposición de su parte y lo que las bandas que lo imitan aprenden: no vas a hacer rock si no lo hacés lo más sobrecargado posible.

Tadeo: Ojo, Ceremonia durante la tomenta (aún con el fade out al final) me gusta. Pero me gusta como bien podría pulsar sobre el "me gusta" de Facebook debajo de la imagen de un chancho asado.

Renzo: Supongo que a mí me gusta el tema 11. Aunque no me acuerdo cómo se llama.

Tadeo: Ja. Y también termina con fade out. ¿Cuál es su puto problema?¿Es que acaso perdió la noción de cómo cerrar un tema?

Shitface: Oh si. Y esto es lo que nos venden como rock. Esto es la salvación de nuestras almas. Ante tanto pito muerto, Clonazepam arriba del piano y ACVs, el Indio sigue insistiendo con su nube repleta de perros adiestrados y agorafobia para posicionarse como el único estandarte posible. Si por algunas décadas prevaleció el "quemate antes de oxidarte" como el gran mantra rockero, hoy por hoy es "sé lo más megalómano que puedas y procurá guardar tu mugre debajo de la alfombra, cosa que lo' pibe' sigan gastándose su sueldo en un disco que no sirve ni para jugar al tejo".

Renzo: ¿Se fijaron que dentro de cualquier estribillo o riff de los redondos siempre encaja el "vamo lo redó"?

Shitface: En fin. El Indio apesta. Saca discos ya no redondos (ja!), sino cuadrados y simples hasta el hartazgo. Todos los que lo escuchan ya no saben qué escuchar porque no hay otra cosa.

Tadeo: Aguante Gilda.
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you fucking people make me sick

/ jueves, 30 de diciembre de 2010 /


Caminando por el barrio con mi nuevo amigo Shitface buscando un kiosco que nos vendiera algunas cervezas a las 2 de la mañana de un día de semana, descubrimos que esta ciudad apesta y que ya nada tiene sentido en este lugar. Ya veníamos un poco tullidos a porronazos, por lo que nuestras retinas sólo alcanzaban a distinguir las lucecitas rojas de los taxis deslizandose cual moto de Kaneda en el horizonte, además de alguna que otra cara arrugada asomándose por la ventana y mostrándonos pequeños segundos de desolación. Lo demás era un cóctel neuronal de insípidos movimientos que revoloteaban alrededor de nuestros pasos. Shitface refunfuñaba por lo bajo: el hambre le estaba carcomiendo las tripas desde hacía varias horas y sabía que los galones de cebada provocándole un pequeño océano amarillo dentro de su estómago vacío sólo harían aumentar su bífida repleta de monos de culo rojo y sin vacunar dispuestos a masacrar cualquier niño inocente. Yo ya estaba advertido.

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Un comic: Doghead, de Al Columbia. Es un comic viejo, del año '92, de cuando nuestro psicótico preferido aún era ayudante de Bill Sienkiewicz, de cuando imitaba a Dave McKean, de cuando aún no había prendido fuego los originales de Big Numbers y, obviamente, de cuando aún no se había puesto a dibujar The Biological Show (mucho tiempo después de las drogas, las putas y las limusinas que pagó con lo que le pagó Alan Moore). Acá igualmente podemos leer sus manías preferidas: el vouyerismo perverso-paranoico, los ambientes retro absolutamente asfixiantes, la ida de olla en las tramas, la poesía surrealista y los bichitos llenos de dientes mascando los estómagos de los niños, condensadas en historias cortas tan sórdidas como confusas y hasta melancólicas, ya que acá no se tomaba todo tan a la chacota como en The Biologial Show. Es clarísima la referencia a Sienkiewicz, es hasta un plagio. Aún no había roto su estilo y ni siquiera se había acercado a la estética de dibujito animado de los '20 que más tarde desarrollaría y en la que recaería por largo tiempo para darnos una visión aún más retorcida de la realidad. De todas formas el germen está ahí, diciéndonos que el mundo es un lugar decadente y tumefacto del cual sólo podremos obtener más perversión y soledad en cada puertita malcerrada en la que apenas podremos ver una fracción del infierno, fracción suficiente para quedar definitivamente pelotudos.

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Déjenme decirles una cosa acerca de Shitface: si el odio fuera medible y cuantificable en un paquete de Celusal, mi amigo sería la salina santiagueña. Este tipo venido de la nada con toda su mugre y esperpento únicamente desarrollado para sentir aversión a todo lo conocido nos ha hecho preguntar a Tadeo y a mí el verdadero significado de nuestras existencias. Difícilmente a Shitface pueda gustarle algo, en el sentido que a mí me pueden gustar las milanesas o una mujer de buenas tetas. Con razón o sin ella, nuestro nuevo inquilino debe estar poseído por algún dios de la degradación o la entropía, cosa que a veces es de agradecer. Me ha preguntado si no podía colaborar para este blog y yo he accedido, así que pronto lo tendremos por acá con sus desvaríos. Dios salve a la reina.

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Una película: Gonzo: The life and work of Dr. Hunter S. Thompson, de Alex Gibney. Y sí, es como un chiste fácil, ¿verdad? Cualquiera que sea paranoico y considere que la vida apesta, tarde o temprano termina descubriendo a H. Thompson. Más allá del documental en sí, que recomiendo mucho a pesar de algunos vaivenes narrativos que apeniiitas flojean el resultado final, me detengo en la subjetividad total: deberían hacer una segunda parte que se llame The life and work of Fuckin' God Ralph Steadman. El amigo dibujante de Hunter realmente es la joya que reluce y hasta opaca de a ratos la figura del creador del gonzoperiodismo. Es un puto festival pa'l ojo detenerse a ver sus cosas, sus percepciones, su forma de laburar. Es más, los extras incluyen una amplia galería de su laburo, cosa que estoy consultando a cada rato y me está haciendo reconciliar con el arte automático. Yo siempre tuve a Luis Scafatti como una de mis influencias a seguir a la hora de laburar pero Scafatti, debemos reconocer, le roba bastante a Steadman en su visceralidad, en su percepción de la suciedad convertida en lo sublime, en el caos cotidiano devenido en pura antropología surrealista, en su empeño por demostrarnos que efectivamente lo que nos rodea definitivamente apesta pero que de cada detalle hediondo podemos extraer ciertas fracciones de belleza. Gracias Franco por el regalo!

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Tadeo, mientras, nos esperaba en casa totalmente sediento y pateando a mis gatos con total desparpajo, tratando de estudiar sus hábitos. Se presta por estos días a desarrollar una teoría conspirativa consistente en dilucidar cámaras de vigilancia en los parásitos de los gatos, por eso esa noche prefirió quedarse a esperar que mis mascotas cagaran en sus piedras para hurgar algún chip o dispositivo entre los gusanitos blancos. Lo peor de todo es que está totalmente seguro en que esa conspiración es efectiva y por eso patea a los bichos diciendoles a cada puntapié "¡maldita KGB!¡Si por lo menos me mandaras la colorada espía ésa que está más buena que cagar con la puerta abierta vaya y pase, pero lo único que tengo son clones de Gaturros apisonados por Lucifer!"

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Un disco: My father will guide me up a rope to the sky, de Swans. Y acá tenemos la razón del porqué del título de este post. Le podría decir a Tadeo que escriba algo recomendando hasta el cansancio este disco, de todas maneras aquellos que sigan este blog van a seguir mi consejo y van a conseguir las 8 canciones que componen un regreso que nadie podría decir que era muy esperado. Aunque no importa realmente eso, a esta altura. Michael Gira juntó a la mayoría de los chabones que desde 1982 estuvieron partiéndole la cabeza a la gente y les dijo, en plan Lost, "tenemos que volver!!". Y vaya manera de hacerlo, mecagüencristo. Volvió partiendo cabezas, machacando gente, escupiendo sobre las tumbas. Esto es a lo que yo llamaría algo así como la sordidez total del post-rock o el costado infernal y mala leche del folk. Baterías marciales que despegan gritos de fondo, violines desbaratados y enloquecidos entrando en turbas desenfrenadas de guitarras acústicas conducidas por los cuatro jinetes de un apocalipsis que ya mismo está ocurriendo. Ya con sólo escuchar ese significado de la putrefacción simbolizado en la primera canción, No words/no thoughts, pasando por You fucking people make me sick (deudora del mejor Current 93, por qué no, y con Devendra Banhart metiendo alguna que otra vocecilla) y cerrando con Little mouth, se puede llegar a tener una idea aproximada de los estados cognoscitivos adecuados para interpretar esta realidad de mierda.

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Pues bien, les decía al principio acerca de la terrible verdad que nos enfrentamos Shitface y yo: esta ciudad definitivamente es un agujero insano y apestoso. Fue la percepción de una estrella única y efímera pero al mismo tiempo duradera y relampagueante. El rayo rosa de Phil Dick, por qué no: ni lo suficientemente cierto como para montarnos todos en la misma ni lo suficientemente irreal como para descartarla de plano. Shitface está totalmente dispuesto a decirles por qué Córdoba Capital es una jaula de chanchos drogados: yo mientras tanto me reservo la opinión porque o soy masoca o soy tarado, pero hasta que no tenga ganas enquistadas de prenderla fuego mientras todos duermen acá me quedo yo, hurgando entre la mierda como mi amigo Tadeo pero en una mierda no conformada por desechos orgánicos (o mejor dicho, no sólo conformada por eso) sino configurada por parades mal rebocadas, kioscos pijoteros y demasiados avisos de toallas femeninas. Y cámaras de vigilancia, obviamente.
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El regreso

/ domingo, 5 de diciembre de 2010 /

Anoche mientras tomaba una cerveza con mi amigo Tadeo surgió el tema de El Regreso, así con mayúsculas y con toda la pompa ominosa, como si fuera tan peluda la cosa que no se pudiera agarrar con una sola mano. Claro, el motivo era nuestra supuesta vuelta a la vida bloggera, al hecho de estar viendo o leyendo cualquier cosa y tenerla en cuenta para comentarla en un post a la vieja usanza, sin botoncitos de Me gusta en el medio. Pero yo lo conozco a Tadeo y sé de lo que me habla cuando me dice esas cosas, incluso hasta cuando se queda callado.

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Bueno, es que viene al caso. Me reencontré con muchos discos que hacía años que no escuchaba. Mondo Bizarro de los Ramones o King for a day de Faith no more por decir solamente dos casos. Siempre bajando discos de gente nueva, siempre tanta música perdida en el horizonte por descubrir que a veces un buen chapuzón en las viejas fuentes no indica que te vayas a ensuciar. De los Ramones es al pedo que hable: cualquiera que haya adolescido en los 90's va a saber que el Mondo Bizarro es EL disco, ¿quizá de la mano del Nevermind? Quién sabe, para mí si. Es más, es probable que no me equivoque al decir que éste es quizá el disco más "grunge" de los Ramones. Y bueno, para King for a day sólo puedo llegar a decir que The Gentle art of making enemies se volvió mi oración antes de irme a dormir para pedirle al Dios Superpancho que no lluevan tantas papitas sobre mi cabeza.

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"Es que nadie regresa nunca.", me dice Tadeo. "Nuestra mente es un influjo estático de permanencia. Somos simplemente átomos desplazandonos de manera quieta. El que se mueve es el mundo. El regreso es un concepto que no existe". Caramba, ese muchacho debería dejar de comer pintura, pero no puedo dejar de darle un poco de razón si lo pienso por dos segundos.

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Y justamente la sincronicidad junguiana se desplaza en los cómics, cuando efectivamente leo que Batman ha vuelto a ser Bruce Wayne, que Bruce Wayne ha vuelto de estar perdido en el tiempo y que tiene ganas de volver a ser Batman para despuntar el vicio. Robin no volvió a ser Robin, el Robin que está ahora le rompe los huevos a otro Batman con ganas de seguir siendo Batman, pero que definitivamente no es el Batman que todos queremos sino que en realidad es Robin disfrazado. Ah, y Bruce Wayne vuelve para hacer una Pyme. Lo más loco del asunto es que estoy hablando en serio.

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O sea, está todo estático pero en movimiento. Las cosas cambian ni lo suficiente como para que todo sea irreversible ni tan poco para que no se note. "Vivimos en una de ésas bolas con nieve adentro que tanto les gusta a los yanquis", insiste Tadeo. "Vos la movés y la agitás, pero tarde o temprano los copitos vuelven a su lugar." ¿Entonces nada de esto tiene sentido? Le pregunto. "Quiero más cerveza", responde el muy guampudo.

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Claro, ahí está A History of violence resumiendo un poco las cosas. De hecho, el nombre de la película encubre no una historia de violencia, sino una historia de regreso. Una lectura posible: el asesino vuelve tras sus pasos a tratar de arreglar un poco las cosas para que su futuro no se le vaya a la bosta. Y haciéndolo y todo, lo único que queda es la incertidumbre, salvo por el hecho de que ya todos sabemos que el asesino seguirá siendo asesino. No hay vuelta atrás. O sí, mejor dicho. Está toda la vuelta atrás del mundo. Claro, si el concepto de regreso no existe, la vuelta o no vuelta no tiene ningún sentido.

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Entonces, Tadeo, ya que estás en pija, ¿se vuelve de la muerte, por ejemplo? "Oh si, todo el tiempo. ¿Cuándo va a ser el día en que reconozcamos que todos los muertos están vivos, respirándonos en la nuca?" ¿En forma de fantasmas? "No seas idiota, Pode. Con nuestra mente podemos hacer lo que se nos cante. Excepto bajar el calefón cuando nos estamos bañando".

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Eppur si muove.
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Tadeo El Apócrifo recomienda:

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Woven Hand - The Threshingfloor (2010)

16 Horsepower era una banda extraña. O no tanto, quién sabe. En todo el tiempo que estuvieron juntos sus integrantes (desde 1992 hasta el 2005, con idas y vueltas, cambios y renuncias), cultivaron el perfil bajo, 7 discos (uno de ellos en vivo) y un EP. Se separaron así como se unieron, sin hacer mucho ruido. Claro, todo el ruido y el quilombo ya lo habían hecho en sus grabaciones, así que para qué agregar más boludez, ¿verdad?

¿Cómo definirlos? Si hubieran sido ingleses definitivamente todos les llamarían o los meterían dentro del shoegaze, pero esto en cuanto a la actitud y no tanto a los componentes canónicos que representan a este sub-género. De hecho, nada más alejado: los tipos hacían neofolk y dark-folk, tocaban con banjos, contrabajos y bandoneones y cargaban en sus letras con personajes que pecaban fiero, se redimían y volvían a pecar aún más fiero que antes. Críticos de la llamada "América profunda" (lo que equivale a decir: palazos a diestra y siniestra a la idionsicracia del red-neck fanatizado, borracho, golpeador y republicano, criado a maíz e incesto en el medio de una pradera bien Ingalls), su música bien puede estar emparentada con Nick Cave o Giant Sand, sólo para reducir un poco.

Pero no, tampoco. Como dije, era una banda extraña. Tenía su propio aura, te metía de lleno en una hipnosis creciente que a veces se cortaba en seco para explotar en canciones totalmente punks y viscerales para tragarte de vuelta en reflexiones progresivas conducidas por la voz de David Eugene Edwards, ese loco de mierda que aparece con trencitas en los pocos videos que existen de la banda.

Woven Hand es el paso lógico de D. E. Edwards luego de la disolución de 16 Horsepower. Incluso ya existía en los últimos años medio decadentes del grupo. Mientras los demás se decidían a seguir o no, el muchacho ya se había clavado 4 discos, grabados él solito tocando todos los instrumentos.

El que recomiendo ahora es el último de todos. Y vemos que evidentemente Edwards era el que dirigía el gallinero en 16 HP, porque la esencia de aquella banda sigue estando presente acá, pero de una manera mucho más evolucionada, si se quiere. Acá se permite el lujo de ir probando más cosas, agregarle influencias y arreglos hindúes, meterle alguna que otra máquina de fondo, probar con flautas acercándose al folclore irlandés y volver a esas ambientaciones semi-apocalípticas que tanto caracterizaban a 16HP (acá presente en la canción Behind your Breath), como si estuvieras viajando por el medio del desierto yanqui viendo a lo lejos como una tormenta se lleva todo al carajo y se te viene encima sin que puedas evitarlo.

La voz siempre entre tensionada y sufriente de Edwards se va replegando en coros reverberizados detrás de los instrumentos para saltar al frente en las marcas explosivas de los temas, imponiéndole un sentido de sordidez y energía de fondo a un disco que parece haber sido hecho con los dientes apretados, con un poco de bronca, pero canalizada en melancolía y días nublados. Como éste.

Link para descargar The Threshingfloor haciendo click en la imagen del disco o acá.
(no me culpen si el link está caído, yo simplemente copio y pego)
Web oficial: http://www.wovenhand.com/
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Tadeo El Apócrifo recomienda:

/ miércoles, 1 de diciembre de 2010 /
 Sunset Rubdown - Dragonslayer (2009)


Para aquellos que no lo sabían, existe un país llamado Canadá, lleno de gente cagada de frío que habla raro y deja las puertas sin cerrarlas con llave. Cuando están al pedo, se les da por enchufar guitarras a amplificadores y hacer cualquier pavada, especialmente los sábados por la noche.

Se ve que son muchos los que les da por hacer lo mismo, ya que desde hace unos años empezaron a hacer tanto ruidito que llamaron la atención de aquellos que gustan de escuchar gente que enchufa guitarras los sábados por la noche.

Una de esas personas es un tipo llamado Spencer Krug, un personajito que canta como el Gallo Claudio y le da por hacer quilombo con otros muchachos cada vez que se le termina el porrón. Ya lo intentó por primera vez en el 2003 poniendole como nombre Wolf Parade al grupete de amigotes y desde entonces no se dejó de hinchar.

Sacaron tres discos. Uno que sencillamente se me ha quedado adosado al sistema nervioso central de lo bueno que era. Era el Apologies to the Queen Mary (2005) y es como una perlita bastante loca, justo en la época en que empezaron a brillar con fuerza los Arcade Fire, por ejemplo (otros canadienses que no sólo les gusta enchufar guitarras sino tambien violines, tambores, clavicordios y toda clase de instrumentos y superpanchos con papitas para despues romperlos en un frenesí épico). Luego vendría una especie de semi-bodrio llamado At Mount Zoomer (2008) en donde trataron de repetir un poco la formulita del primero y les salió algo lavado y medio ñoño. Por último está el Expo 86 (2010), donde se rescataron bastante bien yendo por lados conocidos y no tanto, pero en donde creativamente medio como que ya no tenian mucho para decir. Hoy por hoy y oficialmente los Wolf Parade están separados, así que bueno, quedará en la memoria ese video con el changuito con muchas cabezas medio looser que engalanaba el temazo Shine a Light.

Este tipejo Krug igual es un hinchagüevo bárbaro, porque empezó a juntarse al mismo tiempo con otra gentuza como Frog Eyes o Swan Lake. Incluso se juntó a sí mismo y sacó un Ep con un solo tema como de 15 minutos bajo el nombre de Moonface. El Ep se llama Dreamland Ep (2010) y el tema-concepto se llama Marimba and Shit-drums, así que de última podés llamar a este proyecto de tres formas e igual está todo bien.

Y en el medio de todo este quilombazo tenía y tiene ese cajón de sastre deforme y drogonazo llamado Sunset Rubdown, del cual existen millones de Eps dando vueltas y el disco Dragonslayer como referente largo, en donde canta con minitas, rompe guitarras, boludea bastante con pianitos, corea como si tuviera un huevo apretado contra el bisel de una puerta e invoca monstruos mitológicos y estados mentales de dudosa moralidad judeo-cristiana, logrando resultados totalmente dispares a todas las otras bandas de las que participó y acercándose a estilos que bien podrían confundirse con lo que hacen Clap your hands and say Yeah, por decir un ejemplo. Y es quizá uno de esos discos donde pensás que bien lo podría haber hecho Joe Strummer de la cantidad de referencias y experimentación con generos y subculturas que contiene. Y por supuesto, eso nos gusta!

En definitiva, Wolf Parade terminó siendo la punta del iceberg cayendo sobre el titanic. La gran montaña congelada canadiense está debajo de la superficie, como siempre ocurre en estos casos. Y Sunset Rubdown es uno de los claros ejemplos de eso.

Link para descargar Dragonslayer haciendo click en la imagen del disco o acá.
(no me culpen si el link está caído, yo simplemente copio y pego)
Web oficial: http://www.sunsetrubdown.net/
 
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